
Freír patatas parece fácil, pero lograr una patata frita realmente buena tiene más ciencia de la que parece.
El tipo de patata, el almidón, el corte, el aceite y la temperatura marcan la diferencia entre una patata normal… y una espectacular.
En este artículo te explico todos los trucos que uso a diario para conseguir unas patatas fritas doradas, crujientes y jugosas por dentro, como las de toda la vida pero bien hechas.
Patatas de freír (mejor variedad amarilla)
Aceite de oliva suave (0,4º de acidez)
Sal
Las patatas ideales para freír son amarillentas, firmes y con bajo contenido en agua.
Las muy blancas suelen deshacerse y son mejores para purés.
El almidón hace que las patatas:
Se peguen entre ellas
Queden blandas
No doren correctamente
👉 Solución: remojarlas en agua fría y secarlas muy bien.
Ni muy gruesas ni muy finas
Tamaño similar para una fritura uniforme
Corte recto y estable para seguridad y precisión
Aceite abundante
Temperatura media-alta
Primero se cuecen por dentro
Después se sube el fuego para dorar
Este cambio de temperatura es la clave del éxito.
Cuando al chocar entre ellas suenan secas, están listas.
Se sacan, se escurren y la sal se añade al final.
Patatas:
✔ Crujientes por fuera
✔ Cremosas por dentro
✔ Doradas y sabrosas
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