Prepara el relleno:
En un bol, mezcla el bonito o atún con el tomate frito hasta conseguir una pasta jugosa pero no líquida. Reserva.
Corta el calabacín:
Lava los calabacines y córtalos en láminas finas usando una mandolina o un pelador ancho. Cuanto más finas, más fácil será enrollarlas.
Rellena los canelones:
Extiende una loncha de jamón york. Coloca encima una lámina de calabacín, una loncha de queso y una cucharada del relleno de bonito.
Enrolla con cuidado hasta formar un canelón. Si el jamón es muy fino, usa dos lonchas superpuestas.
Prepara la bandeja:
En una fuente de horno, pon una base de tomate frito y ve colocando los canelones uno al lado del otro.
Cubre con queso rallado y espolvorea orégano.
Gratina al horno:
Hornea a 180 °C durante 15–20 minutos. Si al final no ha dorado, sube la temperatura a 200 °C los últimos minutos.
Sirve caliente:
Disfruta del contraste entre el queso fundido, el calabacín tierno y el toque suave del jamón york. ¡Un plato de 10!
Puedes sustituir el bonito por pollo desmenuzado, espinacas con ricotta o setas salteadas.
Si los sirves fríos, se convierten en una opción perfecta para el verano.
Añade un poco de queso parmesano rallado para un gratinado más intenso.
Estos canelones sin pasta son una alternativa moderna a los tradicionales, ideales para quienes buscan recetas ligeras o sin gluten.
El calabacín aporta frescura, el bonito suma proteínas y el queso fundido convierte este plato en una auténtica tentación.
4
8–10 lonchas de jamón york finas
1 calabacín grande
150 g de bonito o atún en conserva
4–5 cucharadas de tomate frito casero
4 lonchas de queso de nata (o similar que funda bien)
100 g de queso rallado mozzarella
Orégano seco al gusto
Aceite de oliva virgen extra
Sal y pimienta al gusto
💡 Opción sin gluten: asegúrate de que el tomate frito y el jamón sean aptos para celíacos.
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